martes, febrero 28, 2006


La comedia de la vida no admite tristezas. No, hasta que la comedia ya no es comedia. "Sigue adelante" dicen entonces, "¡Pelea!" y yo, con mis pocas fuerzas peleo. En las fauces de la muerte río. Río como si no fuera a morir. Me pinto la cara, me cambio de ropas, me pongo un sombrero, busco un ramo de flores... Podría reír por siempre de la broma mortal que es la vida. Voltear la cara y que no me importe nada. Solo yo. Porque no es mucho lo que puedo hacer, tal vez cuidar de mi mismo. Ojalá. Pero mi sonrisa caerá cuando cada chiste que cuente se consuma como la cera de una vela, llama muerta. Ya no sonreiré, me refugiare. Quizás debajo de un tren abandonado. Aferrándome a lo único que tengo. Como a una boya en un océano sin fin, me aferro al ramo. Y no me saco la ropa, ni los zapatos, ni el sombrero. Ni la nariz. Ni me despinto. Quizás cuente otro chiste, otra broma algún día. Quien sabe. Quizás alguien la quiera escuchar. Para que crea que no va a morir.
(Fotografía de Kim Anderson)

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