domingo, abril 23, 2006

Hormiguita


Las nubes persiguen al sol, para cubrirlo, para oscurecer el tiempo. El gigantesco mar de arriba no es sino un reflejo del nuestro, del que nos moja. El sol es el viajero eterno, el mensajero que cruza el espejo cada día y luego reposa bajo las aguas. Pero las nubes no quieren eso, hormiguita, no quieren que el sol conozca nuestro mundo desde arriba, no quieren que le cuente al mar como es la tierra, como son las montañas. El mar cubre nuestros pies, nos pide a nosotros, ínfimas hormiguitas, que le contemos que hay más allá de la arena. Tenemos miedo, hormiguita, porque no queremos enojar al mar, no queremos enojar a las nubes. Queremos jugar en las orillas del mar e imaginar que lo recorremos a nado. Queremos jugar en la arena seca y calientita. Queremos que llueva cuando hace calor, cuando las plantitas que cuidamos estén tristes. Si tomamos partido por uno de los dioses, el otro nos castigará, hormiguita, y no queremos eso. Queremos que el mar nos moje los pies, que el tiempo no oscurezca, que el sol se quede donde está y las nubes también. Que el cielo no sea un espejo sino que exista, que no tomemos ninguna decisión, no, hormiguita, que nos quedemos aquí para siempre, con la arena pisoteada y sus troncos a nuestras espaldas, con olas tranquilas bajo nosotros, con un trozo de tierra que se cruce en el camino del mar infinito hacia delante, donde el horizonte se confunde con el cielo, con su espejo, hasta no saber donde es arriba y donde abajo, de donde nace el reflejo, si existimos o no. Ojalá lo supiéramos, hormiguita, si somos o no dueños de una decisión, si el mundo existe para nosotros o nosotros para el mundo, si el agua no es cielo, si el cielo no es agua. Si supiéramos, hormiguita, que las nubes no persiguen al sol y que somos el sueño o la imagen que alguien creó, no dudaría, hormiguita, no tendría miedo, no escucharía las voces del mar, de las nubes, del cielo. Me quedaría contigo, hormiguita, hasta que el que nos sueña despierte y muramos felices, hormiguita, muramos sabiendo que el tiempo no nos venció.
(Fotografía de Sofía Escobar)

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