viernes, abril 07, 2006


Una pared me devora. Es grande, es fea. No conozco su inicio y no creo que tenga final. Es mi pasado, "pasado perfecto" muchas veces, y muchas "imperfecto". Si supiera que su lucha por consumirme es inútil, si yo supiera que nunca me librare de su persecución. Pero no me preocupo. Oculto mi rostro con mi único ojo, el que nadie conoce, el que busca, el imprevisto. La pared cree que soy previsible, que estoy atado a ella, que mis acciones son producto de su propia creación. No río, me cuesta no ser lo que me ordena, pero peleo, con mi mascara, mi ojo grande. La pared, impaciente, toma fuerzas y se lanza sobre mi, quiere abrir sus labios negros a la altura de mi cabeza, desaparecerme, volverme polvo, su polvo, y luego creer que nunca estuve ahí. Antes de eso me miro con mi ojo grande, mi ojo único, me miro, me miro para siempre, me miro sin parpadear, me miro construyendo cada detalle de luz y de sombra, cada una de mis imperfecciones, y de la pared. Me había devorado los pies, ahora se comió mis piernas. Pero no me preocupo. Mi rostro esta oculto, mi ojo ya vio y me grabo en su memoria, la memoria eterna, mas grande que yo, que la pared. La pared lo sabe. Sabe que su crimen fue expuesto, que yo estuve ahí y ya no seré invisible. Se resignara y por forma, sonreirá ante la mirada de mi ojo, mi ojo grande, mi máscara.
("foto" de Claudia Hidalgo)

No hay comentarios.: